Escrito por Marian
Me llamo Marian. Soy una voluntaria de la pastoral penitenciaria en La Rioja y de Proyecto Hombre La Rioja.
Soy una cristiana, consciente de que los cristianos estamos llamados a ser testigos de nuestra fe. Es por esto por lo que he aceptado escribir estas palabras para contaros mi experiencia en la cárcel y que sea para vosotros mi testimonio.
¿Cómo empecé? Un día leyendo la Palabra de Dios, unas frases resonaron en mi corazón y en mi mente. Eran frases conocidas del evangelio de Mateo: “Estaba preso y vinisteis a verme. Venid benditos de mi Padre al Reino preparado...”.
Impulsada por estas palabras de Jesús busqué y descubrí que la pastoral penitenciaria visitaba a los presos. Me pareció atractiva porque “pone gran énfasis en dar dignidad a la persona privada de libertad”, que es lo que hacía Jesús a favor de todos siempre.
¿Qué hago concretamente ahora en la pastoral penitenciaria? Desde hace siete años participo en múltiples actividades: los martes tengo taller de manualidades con mujeres. Los miércoles tenemos taller de canto y guitarra con hombres. Algún domingo participo en la eucaristía dentro del Centro Penitenciario.
Acompaño al Hospital a los enfermos; también llevo a la estación a los que salen de permiso y acompaño a los que no tienen familia y son acogidos en un piso propiedad de unos religiosos.
En días señalados he acudido con el Orfeón Logroñés a brindarles un rato de música y de canto que ellos valoran y agradecen. En fechas especiales como Navidad, Reyes, Semana Santa o fiesta de La Merced también acudo a celebrarlo con ellos y “darles un poco de alegría” . Todas estas cosas pequeñas y sencillas son para los internos de gran valor. ¿Y a mí qué me aportan estas actividades?
Deciros que yo creo que es bueno soñar... y con este trabajo yo tengo sueños. Sueño en esta iglesia que prioriza el concepto de sentirnos hermanos de los hombres y mujeres privados de libertad. Sueño que cada vez seamos más los equipos de voluntarios que trabajamos no solo en las religiosas sino también en las sociales, jurídicas y que apostamos por brindar humanidad a estos hermanos. Sueño en que cada vez seamos más libres y liberadores, no solo con nuestras palabras sino también con nuestra actitud y comprensión hecha realidad.
Y puedo decirlos sinceramente que es en este voluntariado vivido como misión donde yo experimento la acción del Espíritu. Espíritu de Jesús que nos alienta a ayudar, a perdonar, a fijarnos en lo bueno de cada ser humano, a comprometernos en los problemas ájenos que nos hacen sentir las injusticias y el sufrimiento de las personas como algo nuestro. Reconozco que el Espíritu de Jesús no es propiedad privada, no es para nosotros, es para extenderlo allá donde estemos, es la etapa de la gratuidad, de la solidaridad, del afecto y de la ternura, de la entrega callada y generosa y es lo que recibimos de Él.
Y para terminar; quiero decir que yo encuentro fuerza y apoyo en la comunidad cristiana y en mi comunidad de Sierva Seglar de Jesucristo Sacerdote. Y me hago eco de las palabras de mi directora que dice:
“Cuando tienes conciencia de que a través de tu trabajo estás realizando tu misión, desenvuelves una fuerza extra capaz de elevarte a la cima de la montaña”.
Efectivamente, en esta vocación encuentro diaria razón para subir a la cima.
Mª Antonia Fernández Blázquez
Escrito por Matilde
Soy voluntaria de la asociación para la demencia de Alzheimer de Alfaro y si me permiten voy a explicar porqué.
En el año 99 me acerque a la asociación a pedir información y ayuda porque a un familiar muy cercano le diagnosticaron una demencia, fui su cuidador principal.
Mi enfermo acudió a talleres durante 7 años y día a día llegué a descubrir que además de unas profesionales, para mí únicas en su trabajo, también había un grupo de personas que dedicaban unas horas de su tiempo a estar con los pacientes, por el solo hecho de ayudar.
Eran los “voluntarios”, siempre con una frase cariñosa, una mirada alegre y una sonrisa que transmitía tranquilidad.
Enseguida decidí que quería formar parte de ese grupo, porque deseaba devolver la ayuda que a mí me ofrecían.
Desde entonces han pasado 10 años y sigue siendo mi principal actividad, me siento tan a gusto que no cambiaría por nada las horas que dedico. Siento una gran satisfacción cuando suena el teléfono y desde la asociación me preguntan ¿Puedes venir?, me encanta poder decir “SI”. Espero hacerlo durante muchos años para poder seguir diciendo cuando me preguntan porque soy voluntaria, que lo soy por ellos, por los “voluntarios”, por la ayuda que entonces me ofrecieron y que ahora gracias al voluntariado puedo devolver.
Escrito por Mª Jesús
Durante 5 años estuve cuidando a mi madre de una enfermedad neurológica y una vez falleció, me apetecía seguir dedicando parte de mi tiempo libre a ayudar a personas con alguna enfermad de este tipo.
Me enteré de que se había formado una asociación de Alzheimer y conocía a gente que ya estaba colaborando como voluntarios en la asociación, fui a interesarme del funcionamiento y entonces comencé como voluntaria.
La verdad que es una actividad muy gratificante el poder dar a ciertos enfermos lo que necesitan, bien sea: cariño, conversación, ayuda en alguna actividad….etc.
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